Agosto 2006. Son muchas palabras con las
que podría comenzar... ¡Gracias!
es la primera de ellas... Las montañas,
los Apus, son tan grandes como tu mente
los imagina. La magia existe en estos colosos
de los andes: entre sus valles, ríos,
rocas y demás hay un sinfín
de posibilidades de las cuales soy parte.
El universo, los Apus y yo estamos conectados
a la hora de hacer posible los propósitos
de la vida, hay mensajes y lecciones que
los montañistas nos brindamos mutuamente
dentro de la creación.
Dentro de estas aventuras
hay muchas anécdotas acerca del valor,
valor que se fragmenta en amistad, lealtad,
honor, fuerza, solidaridad con los compañeros
e infinito bienestar. En la montaña,
las actitudes superficiales y materialistas
ya no son trascendentes, no hay máscaras
ni temores, hay que hacer lo que hay que
hacer y poner en práctica la meditación
acerca de la vida y la muerte, respirar
tranquilo y seguir viviendo, no importa
si tienes frío o hambre, no hay nada
que hacer mas que seguir cumpliendo con
el espacio entre el piso y tú.
Así como puede ser
infinita la redacción de una historia,
sin saber donde comenzó está,
comenzaré donde físicamente
sucedió todo.
JULIO DEL 2003 -
PRIMER INTENTO
Sin mucha experiencia en
paredes y menos en las de la Cordillera
Blanca, ya que era la primera vez que visitaba
Huaraz, mi compañero de cordada -Ignacio
Espinosa también Ecuatoriano- me
habló de ir a Cayesh, montaña
en la cual el ya había estado el
año anterior. La idea se desarrollo
de tal forma que salimos un 15 de julio
del 2003, con dos mexicanos: Hugo y Luis,
desde Huaraz con movilidad hasta la portada
de Quilcayhuanca. Luego, con burros y arrieros
hasta el campo base. Una vez en el campo
morrena, Hugo enfermó y continuamos
la jornada sólo tres. El tercer día
fijamos 120m de cuerda y regresamos al campo
morrena para descansar, hidratarnos y comer.
Cuando sonó la alarma a las 2am para
el ataque a la cumbre curiosamente nadie
salió de la carpa y en silencio dejamos
que pasen los minutos hasta que uno de nosotros
exclamó: ¡estamos tarde!...
Decidimos entonces salir en la siguiente
madrugada.
El cuarto día salimos
a las 2am y en nuestra trayectoria por el
glaciar hasta la pared, nos dimos cuenta
que un serác había causado
durante la noche anterior una avalancha
justo por donde teníamos que subir.
Escalamos con todo nuestro empeño
más de la mitad de la vía
hasta llegar a la derecha de un gran mixto,
ya era muy tarde y no llevábamos
vivac porque queríamos hacer la pared
en un solo día. En este sitio, a
150 metros de la cumbre, decidimos retornar
haciendo 8 rapeles de 60 metros y después
caminamos al campo morrena. Llegamos a las
6 de la mañana del quinto día:
fueron 28 horas de esfuerzo desmedido y
tensión extrema. Lo habíamos
disfrutado pero en el fondo sabíamos
que deseábamos regresar y hacer cumbre.
PRINCIPIOS DE AGOSTO
DEL 2006 - SEGUNDO INTENTO
Temporadas después
de haber escalado en los Andes ecuatorianos,
peruanos y bolivianos, tras la lenta recuperación
de un hombro lesionado, casi cuando ya había
terminado la temporada en Huaraz, rompiendo
con todos mis esquemas de recuperación
salí de Quito con dirección
a Huaraz en un viaje de tres días
por vía terrestre cargando todo mi
material para disfrutar de la Cordillera
Blanca. Llegué y, como siempre, me
dirigí hacia el único referente
que tenía y nunca me había
fallado, la familia de Julia Vallve, para
luego ver que montaña iba a subir
primero. En ese tiempo de indecisión
y mal clima en la cordillera, pude quedar
con Hugo, el mexicano que me acompañó
hace 3 años, para hacer un nuevo
intento al Cayesh. Esta vez, debido a una
tormenta eléctrica, nos bajamos faltando
el último tramo.
La satisfacción de
haber estado tan arriba fue grande pero
yo quería regresar por esos últimos
metros a la cumbre. Tenía algunas
opciones de cordada para regresar al colmillo,
pero entre estas tenía que ser la
mejor: conocí a Miguel Maza, aspirante
a guía UIAGM de Huaraz, quien ya
tenía en mente el ascenso a este
pico.
MEDIADOS DE AGOSTO
DEL 2006 - INTENTO FINAL
Vimos un día de buen
clima y decidimos salir al siguiente, esta
vez mi corazón me decía que
era perfecto ya que hasta los rapeles que
dejamos con Hugo en el intento anterior
estaban listos para que hagamos cumbre.
Una vez más se cumplió con
el itinerario del Cayesh, la diferencia
era que en vez de 6 días lo íbamos
a hacer en 3, tanto por el mal clima como
por la estrategia a utilizar: 'alto, rápido
y ligero'. Ya no teníamos arrieros,
ni burros ni movilidad para el regreso.
Las jornadas iban a ser duras, pero después
de la escalada no nos importaba nada más.
Llegamos al campo morrena el primer día,
con un poco de nevada. A las 2:30 am del
segundo día salimos del campo morrena
atravesando el glaciar. Comenzamos la pared
a las 5. Hicimos 2 largos y medio de cruce
de rimaya y mixto, luego 4 largos de roca
de grado 6a y siempre evitando los mixtos.
Un largo atrás dejamos una mochila
con agua y algo de peso. Íbamos con
una sola mochila, la cual la llevaba Miguel
junto a las botas y los crampones de los
dos, agua y un par de piolets. Yo punteaba
la ruta y no tenía peso extra. Continuamos
por 2 largos de mixto y finalmente llegamos
donde me quedé la última vez:
un diedro de roca de dificultad 6a, que
con la tormenta y los rayos fue imposible
subir la última vez. Ahora estaba
frente a nosotros rogando que lo escalásemos:
2 largos de roca y llegamos a la arista
de la cumbre. En medio de unas estalactitas
de hielo se hizo realidad el sueño
de estar en la punta del gran colmillo.
¡Gracias Cayesh! Nos dimos la mano,
tomamos unas cuantas fotos y descendimos
rápidamente pues nos esperaban 10
rapeles de 60 metros y ya eran las 5 de
la tarde.
En los rapeles se nos trabó
la cuerda 2 veces, pero con júbilo
resolvimos los problemas y llegamos a la
una de la madrugada al campo morrena con
mucha hambre y sed. Al mediodía,
bajamos hasta la portada y vivaqueamos cuando
nos encontró la noche. A la siguiente
mañana, llegamos en 3 horas hasta
Llupa, esperamos como una hora hasta que
una camioneta que traía leña
nos llevó a Huaraz.
EPÍLOGO
La gravedad seguirá
jalando hacia el vacío y mi voluntad
seguirá escalando y ascender hasta
la cumbre. La cumbre no siempre es la punta
de un Apu, la cumbre es el lugar donde decidiste
ir, donde la lección es más
importante que la exaltación de una
cumbre. Se dice que no hay escaladores buenos
sino escaladores viejos... ¡Paya Cayesh!
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