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PRIMERA CORDADA PERUANA EN LA CUMBRE DEL PUCARAJU - 2005
 

 

Primera cordada peruana en hacer cumbre en el Pucaraju
“La princesa de los pies pequeños”


El Pucaraju mide 5,400 msnm. Su cara norte puede verse desde la laguna Querococha, ubicada en el Km. 57 de la carretera que conduce a Chavín de Huantar. Hasta hace no muchos años, cuando el calentamiento del planeta aún no se evidenciaba en esta montaña, desde la laguna uno podía apreciar un enorme glaciar que custodiaba la pared y sus varias canaletas.

Estos verticales caminos nevados de 300/ 350 metros, culminaban en una cumbre más bien rocosa. Ahora pareciese que la nieve se fue, pero los corredores siguen existiendo y constituyen justamente las rutas o vías de escalada.Fredy Zea y yo habíamos estado barajando la idea de escalar el Pucaraju, hermoso y retador, hace varios meses. Antes del viaje se presentaron mil dudas y contratiempos, pero finalmente logramos coincidir agendas y partir. Preparamos equipo para hielo y roca, porque la información que conseguimos indicaba que todas las rutas allí eran mixtas (roca y hielo a la vez) y de grado TD (muy difícil, según la cotación francesa) y TD+: “Mururoa” (300 m, TD+), “Adán y Eva” (300 m, TD+), “Hot line” (350 m, TD) y “La princesa de los pies pequeños” (300 m, TD). Ya habíamos elegido intentar esta última: la del nombre más bonito, la más pegada a la derecha. Cargamos el Yaris el 4 de agosto de este año, con muchos kilos de equipo y otros tantos de ansiedad.
Desde la laguna, el Pucaraju parecía un macizo de pura roca. Distinguimos su perfil la madrugada anterior, cuando llegamos, pero no fue sino hasta el día siguiente que pudimos ver cuán rocoso estaba. El antiguo glaciar era ahora una gran morrena y las rutas parecían tener hielo/ nieve sólo en algunas partecitas. Sin embargo, los binoculares primero y luego la cercanía, nos mostraron que todas las vías guardaban al menos una fina línea de hielo en todo el trayecto.

Instalamos nuestro campamento base en una cueva de lujo: espaciosa, abrigada y más que confortable. Además de nuestras dos bolsas de dormir cómodamente estiradas, entraba todo el equipo y la comida. El único inconveniente de nuestro alojamiento era la distancia que lo separaba de la montaña. Aún cuando nos habíamos acercado bastante, el camino hasta la base de la pared se veía todavía largo y se notaba que el desnivel era muy acentuado. Nos esperaba una larga y dura subida, y ese sería sólo el inicio.

Decidimos que al día siguiente llevaríamos todo el peso (cuerdas, equipo de roca y hielo, algunos litros de líquido) hasta la base de la ruta y volveríamos. Recién el día subsiguiente sería el día de escalada. Mejor aclimatados y con pocos kilos encima, la aproximación desde la cueva sería menos desgastante. Así fue. Pese a mi disgusto por la caminata, no quedó más remedio que repartir los kilos sobre nuestras espaldas y latear. A medida que nos acercábamos a la montaña, el Pucaraju nos iba jugando varios trucos de ilusión óptica… las paredes se echaban, se empinaban y volvían a echarse. Nuestros comentarios, entonces, pasaban de “se ve fácil, ¡sí la hacemos de hecho!” a “¿me parece o esta montaña se empina cada vez más?”
Nuestras dudas se incrementaron cuando alcanzamos, finalmente, las piedras de la morrena.

La morrena conservaba dentro suyo algunos bloques de hielo que nos permitieron imaginar cuán distinta y helada había sido antes. Ubicamos nuestra ruta, que se veía verticalísima, y caminamos hacia ella. Recordamos que había sido hecha en 1995 por unos escaladores franceses y que hasta el momento sólo había sido repetida por el peruano Guillermo Mejía, quien la escaló en solitario el año 97. Al igual que las otras vías del Pucaraju, “La princesa de los pies pequeños” había cambiado bastante desde entonces. Ya en su base (aproximadamente 3 horas de caminata, desde la cueva), casi podíamos escuchar el latido de nuestros corazones. Con emoción y miedo, aguzamos los ojos todo lo posible para visualizar la vía que al día siguiente intentaríamos subir. Luego aseguramos nuestro pesado encargo (líquido, cuerdas, casacas y todo el equipo) al inicio de la ruta y retornamos a nuestro cómodo alojamiento. Estábamos cansados.


 


 
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