Montaña: Tocllaraju (6,032 msnm)
Ruta: Directa de la Cara Oeste
Grado: (D+ MD, 600 m, 60°- 80° hielo)
.
En Pashpa, pueblito donde inicia la caminata
hacia el campamento base, del Tocllaraju,
conocimos a Don Clemente, arriero y amigo
de 65 años con una condición
física admirable (llegó al
campamento una hora antes que nosotros).
Con él, sus tres mulas: Blancón,
Jococholo y Don Julio.
Montamos campo base al final de la Quebrada
Ishinca a 4,350 metros. El espectáculo
era impresionante: a la izquierda estaba
el Urus, nuestra primera montaña,
y justo frente a nosotros la imponente pared
oeste del Tocllaraju nuestra primera gran
pared en montaña.
Los siguientes días fueron para aclimatarnos.
Un día caminamos hasta la base de
la pared norte del Ranrapalca, una pared
de roca y hielo de 900 metros, la cual era
el tercer objetivo del proyecto. Para nuestra
sorpresa la ruta estaba muy descompuesta
pues el glaciar había desaparecido
en gran parte y llovían piedras por
toda la pared así que por seguridad
decidimos no intentarla aunque nos fuera
muy bien en el Tocllaraju.
Después de terminar con la fase de
aclimatación, nos encontrábamos
listos para intentar la pared. Desde la
cumbre del Urus se veía imponente:
en su mayoría era puro hielo excepto
por los últimos 150 metros. Sin pensarlo
dos veces salimos del Base y cuatro horas
después llegamos al Campo 1, a 5,200
metros. Montamos la casa de campaña
y derretimos nieve para el resto del día
y también para el ataque a la cumbre.
Al frente, la pared. Desde que llegamos
a el Base fue la primera vez que en verdad
sentí miedo, miedo de meternos a
un lugar de donde más tarde no nos
pudiéramos bajar, miedo de no regresar,
miedo a lo desconocido. Pero al mismo tiempo
también sientes un llamado de la
montaña a intentarlo, no intentarlo
sería negar la oportunidad de antemano,
y es justamente en este tipo de ascensos,
en este tipo de experiencias donde realmente
te das cuenta de quién eres, de tus
fortalezas y debilidades, de tu verdadera
estatura humana.
Un guerrero azteca dijo que el guerrero
más grande es aquel que se conquista
a sí mismo y es precisamente eso
lo que se vive en la montaña, porque
no hay adversarios. La montaña tampoco
es la enemiga a vencer. Al contrario, es
el camino que te lleva a esa lucha interna
en busca del autoconocimiento, en busca
de la plenitud de ser, sé que para
muchos puede sonar medio raro. Es algo difícil
de explicar.
La fisonomía de la pared ha cambiado
por completo de lo que fue cuando el primer
ascenso hace 25 años. El calentamiento
global está acabando con los glaciares
del Perú, la guía que teníamos
decía que la ruta era en su mayoría
nieve y que con 5 estacas la librábamos,
incluso hace 5 años era así
pero ahora era una pared de hielo de 600
metros.
Ahí estábamos por fin, frente
a la línea directa a la cumbre que
llevábamos buscando por meses, nuestra
primera experiencia de gran pared en montaña.
Iniciamos la escalada a las 11:30 de la
noche. Habían pendientes de nieve
de 60° y llegamos a la rimaya en un
punto en donde no la pudimos cruzar porque
la grieta estaba muy abierta, así
que cuando encontramos la forma de cruzarla
ya habíamos perdido dos horas.
Eran 20 metros en travesía dentro
de la grieta y finalmente del otro lado
salimos a la pared. Las 2 y media de la
mañana y estábamos a 13°
bajo cero, pero escalábamos bien.
Largo tras largo la pared fue quedando debajo
de nosotros. La sensación de la vertical
era increíble. Sin darnos cuenta
llegamos al crux de la ruta, unos 15 o 20
metros de hielo cristal a 80°. Sin pensarlo
le pegamos y también quedo debajo.
En este punto sabíamos que técnicamente
lo íbamos a lograr, pero la pendiente
seguía y seguía y ahí
fue cuando dudamos si físicamente
íbamos a poder salir de la pared.
Nos empezamos a desesperar y buscábamos
la salida hacia la ruta normal. Pero sabíamos
que la única salida era por arriba,
llegando a la cumbre.
Después de once horas llegamos a
una grieta 60 metros debajo de la punta,
pensamos en salir hacia la ruta normal haciendo
una travesía hacia la izquierda,
pero decidimos salir por la punta, así
que sin pensarlo más hicimos una
travesía de dos largos hacia la derecha
donde encontramos la arista norte y 50 metros
más arriba la salida a la cumbre.
Después de doce horas y media de
escalada llegamos a la cumbre. Estábamos
física y psicológicamente
desgastados por los 17 largos de 50 metros,
14 en hielo y 3 en nieve dura. Media hora
en la cumbre e iniciamos el descenso por
la ruta normal, 3 horas después ya
estábamos en Campo 1. Llegamos tan
cansados que no pudimos ni cocinar ni nada,
llegamos directo a dormir. Al día
siguiente nos levantamos tarde y bajamos
hasta el campo base donde nos encontramos
con Don Clemente.
Bajamos muy contentos con la escaldada en
el Toclla, este es el comienzo de nuevos
proyectos.
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